6 consejos para enseñar tus hijos a resolver conflictos

Es importante enseñarles a resolver sus problemas con autonomía

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Los niños desde que son muy pequeños se encuentran con distintas situaciones o conflictos a los que se van a tener que enfrentarse. La manera en la que vayan resolviendo dichos conflictos, les ayudará en un futuro a desenvolverse en la vida cuando sean mayores.

En la vida nos encontramos con diferentes conflictos que nos hacen tener que tomar decisiones, pero no siempre sabemos resolverlos con éxito

La forma de actuar de las familias en estos casos es muy importante de cara al desarrollo de los niños. Aunque nos cueste, son situaciones que tienen que aprender a resolver por sí mismos y los padres no podemos sustituirlos. Principalmente, cuando son pequeños, hay un afán especial por ayudarles, sin embargo, en muchos casos, en lugar de ayudar lo que hacemos es decidir las cosas por ellos, con lo que la resolución de los conflictos les viene dada.

Esta forma de actuar les puede malacostumbrar y, según vayan creciendo, les impedirá contar con recursos para enfrentarse a dificultades que les puedan surgir, con los amigos, en el trabajo… En estos momentos, no son ellos los únicos que sufren, también los padres al ver que sus hijos lo están pasando mal por no tener unas herramientas adecuadas que les sirvan para salir adelante.

Los padres no pueden esperar a que les llegue a sus hijos el momento de saber reaccionar ante posibles conflictos. Hay que tratar de hacerles independientes desde pequeños. Precisamente una forma de quererles es hacerles libres, capaces de salir adelante, y no sustituirles o actuar por ellos en esos casos.

¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a pensar antes de resolver un conflicto?

Los niños todos los días tienen un conflicto que resolver. En estos casos, lo importante es no pensar en darles la solución, sino ayudarles a ellos a pensar cómo pueden solucionarlo.

Los pasos a seguir consistirían en lo siguiente:

  1. Lo primero que hay que hacer es analizar la situación, pensar qué está pasando y qué hay que solucionar: muchas veces se tiende a actuar de manera impulsiva, es decir, sucede el hecho y se actúa sin pensar previamente. Esta forma de actuar puede dar lugar a soluciones erróneas o incluso más conflictivas.
  2. Debemos ayudar a que el niño piense ya que, en la mayoría de los casos, especialmente cuando son pequeños, ellos mismos no son conscientes de la importancia que tiene lo que ocurre. Tenemos que buscar y ofrecerles soluciones porque, muchas veces, no cuentan con la madurez y los recursos necesarios para ello. Los padres podemos dar ideas y sugerir, pero nunca tenemos que decir lo que tienen que hacer. Eso sí, a la hora de sugerirles ideas hay que tratar de darles las mejores posibles dentro de un círculo de límites para que luego, aunque no elijan la más acertada, las consecuencias no sean las peores.
  3. Cuando son muy pequeños, no tienen capacidad para pensar, pero sí necesitan un estilo educativo marcado por límites. Sin embargo, cuando son capaces de hablar y razonar, tenemos que seguir marcando límites, pero para hacerles pensar y que sean conscientes de por qué actúan de una manera que no es la adecuada.
  4. El siguiente paso sería analizar las consecuencias de cada idea, ver qué puede pasar en función de lo que puedan pensar hacer. Este es el momento más delicado para los padres ya que debemos ayudarles bien a pensar los efectos que puedan conllevar cada decisión que tomen.
  5. Una vez que tengamos las soluciones y consecuencias, lo que queda es elegir lo que se va a hacer, cuál va a ser finalmente la solución al conflicto que ha surgido. En todo momento debemos dejarles elegir libremente,aunque sepamos que no es la mejor opción.
  6. Por último, ya sólo queda actuar, ayudarles a que se lleve a cabo la solución que han elegido y hacer un seguimiento para comprobar que, finalmente, se soluciona el conflicto.

Nuestro objetivo no es tanto resolver un determinado conflicto sino hacerles pensar para que, en cierto momento, ante una situación determinada sepan afrontarla con distintos recursos. Es un proceso en el que se educa, se estimula, se trabaja y se automatiza. Es algo que supone mucho tiempo, paciencia e implicación por parte de los padres, pero con esto se consigue que el cerebro se acostumbre a solucionar conflictos. Es muy importantey se puede, por lo tanto, enseñar a pensar desde pequeños, no sólo a nivel académico sino de cara a hacer frente a situaciones reales de la vida diaria.

María Campo Martínez

Pedagoga / España

Licenciada en Pedagogía. Diplomada en Magisterio de Educación Infantil. Asesora de Eduka&Nature.