Cuando la respuesta más frecuente es un «NO»

Este adverbio se utiliza en diferentes etapas de crecimiento de nuestros hijos

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Por las diferentes etapas que pasan nuestros hijos/as en su crecimiento, primeros años, pubertad, pre adolescencia, adolescencia, en cada una de ellas tienen “un momento” en que el adverbio “no” lo ponen delante de casi todo…

Tenemos que educar para que nuestros hijos sean autónomo y libres

En la vuelta de las vacaciones, que las familias hemos podido estar todos juntos y observar más de cerca a nuestros hijos/as, venimos cargados de momentos en los que hemos disfrutado con ellos y con algunas preguntas, en nuestra cabeza, de cómo gestionar diferentes situaciones que hemos podido tratar en el momento y otras que las hemos dejado pasar y después hemos sido conscientes de que igual deberíamos haber retomado alguna de ellas.

Procuro escribir sobre preocupaciones que me transmitís las familias en el momento o de temas que concluyo que os puedo acompañar en esta tarea tan apasionante como es educar, pero que nadie dijo que fuese fácil sino se aprende a llevar a cabo. Lo definiría como el reto de nuestra vida porque se trata de que nuestros hijos sean felices, pero siendo autónomos y libres.

Hace unos días estaba con una amiga contándonos las vacaciones, el proceso de vuelta al trabajo, y me decía que uno de sus hijos estaba pasando uno de esos momentos en que todo lo que se le proponía era “no”.

Comentaba al comienzo que esto ocurre en el paso por las diferentes etapas de su crecimiento:

  • En los más pequeños, sobre los dos años, unos meses arriba o abajo porque cada persona es diferente y tiene su proceso evolutivo, todo es “no” sin más, parece que no saben decir otra palabra. Comienzan “a sentirse mayores” con un poco de seguridad y quieren reafirmarse diciendo aquí estoy yo. Es lo que tiene que pasar y deben pasarlo, los padres y madres lo que debemos hacer es no dejarles que hagan todo lo que quieran por muy pequeños y gracioso que lo veamos. Es el comienzo del camino firme que debemos iniciar porque si les dejamos porque son pequeños y graciosos ellos se van reafirmando y cada vez “se hacen más fuertes” en la manera de actuar. Nos cuesta encontrar el momento de decirles “no” nosotros a ellos, pero debemos hacerlo para que ellos se vayan apoyando en sus padres y madres, que somos los que llevamos la batuta y no ellos.
  • En la pubertad, entre los 9 y 11 años, han pasado esa etapa tan dulce de querer complacer, todo refuerzo positivo les motiva más, aún si cabe, quieren hacer las cosas bien y ayudar simplemente por una mera sonrisa que les hagamos, un por favor o unas gracias, sólo por contar con ellos para lo que necesitemos y les hagamos sentirse importantes. En un momento, sin darnos cuenta, los vemos de mal humor, no quieren hacer las cosas, se escaquean, protestan y dicen “no”. Deben pasarlo, es bueno que lo pasen, estamos nosotros para acompañarlos, ayudarlos para que lo gestionen y sepan resolverlo. Es una etapa en la que la voluntad ha pasado a ser la protagonista, pasan de hacer unas rutinas a adquirir unos hábitos y ahora son ellos los que deben querer hacerlo. La inercia les lleva a continuar con esos hábitos porque los han adquirido con la repetición de las rutinas. Ahora su voluntad entra en juego y deben querer hacerlo, con la naturaleza del crecimiento se ven que tienen autonomía para hacer o no hacer de otra manera, prueban y nos prueban. Debemos ser flexibles pero firmes, dejarles que hagan que sientan las consecuencias de lo que dicen, de lo que hacen y estar cerca para recogerles, hablar con ellos, que razonen, que puedan ponerse en el lugar del otro para que lo vivan en primera persona. Ellos son los protagonistas de su aprendizaje.
  • En la pre adolescencia y adolescencia, de los 12 o 13 años en adelante, vamos a tener muchos noes que debemos asumir. Querer a nuestros hijos como son, no como queremos que sean. Fruto del proceso educativo que hemos llevado van adquiriendo el criterio para decidir en algunos aspectos es necesario que lo hagan. Nosotros marcamos las pautas, respetándolas, son ellos los que van decidiendo porque si nos les dejamos que lo hagan nos convertimos en unos padres y madres que dirigen a sus hijos e hijas como ellos quieren hacerlo, lo que impide el crecimiento y la madurez.

El adverbio no debemos usarlo y dejarlo que lo usen, pero debemos ser firmes y coherentes con nuestras actuaciones. No podemos olvidar que el cariño no está reñido con la exigencia.

Patricia Cigaran

Experta en Educación / España

Experta en Educación Familiar con más de 20 años de experiencia en la dirección de colegios infantiles.