Mi hijo miente

A partir de los 7 años, un niño debe ser capaz de distinguir entre realidad y fantasía

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A los cuatro años, los niños no saben diferenciar entre realidad y fantasía. No se puede decir que mientan, tienen ligera conciencia de que hay cosas que dicen que no son verdad, pero eso para ellos no significa mentir.

Desde que los niños son pequeños, distinguen entre verdad y mentira

En esta edad pueden tener un «amigo imaginario» y sus fantasías pueden ser para él más reales que la propia realidad. Es normal y no debe ser preocupante. También en esta edad se produce una etapa de “oposición” en la que pueden mentir para llevar la contraria a los padres. En otras ocasiones puede ser una estrategia para mantener su autoestima. El niño exagera para quedar bien o provocar admiración. Otras veces en cambio, miente para llamar nuestra atención o por no sentirse seguro. También puede mentir para conseguir algún beneficio o evitar algún perjuicio o castigo.

Pero no hay que olvidar que, desde que los niños son pequeños, distinguen entre verdad y mentira. Saben que mentir es algo que no se debe hacer y que deben decir la verdad. Aunque durante los primeros años (3 a 6), el motivo fundamental para ser sinceros reside en que así sus padres y sus profesores los quieren, les ayudan y no les juzgan.

A partir de los 7 años, un niño debe ser capaz de distinguir entre realidad y fantasía. Distingue entre el bien y el mal y debe acostumbrarse a decir la verdad. La frecuencia de las mentiras es un factor que hay que considerar a la hora de calibrar su importancia. Si utiliza la mentira como una forma de defensa hay que atajarla cuanto antes, pues corre el peligro de convertirse en un hábito.

Como siempre, es mejor prevenir que curar, por lo tanto, es recomendable:

  • Elogiarle por las cosas bien hechas para que no tengan que utilizar la mentira como estrategia para esconder lo que hacen mal.
  • Fomentar la sinceridad desde pequeños. Los niños tienen gran sensibilidad para captar cuando son engañados. Los 6-7 años es un buen momento para hacerlo.
  • Para los niños no existen las mentiras piadosas. Es necesario desarrollar siempre un ambiente de confianza.
  • Fomentar desde pequeños el diálogo:​
    • Escuchar con interés, sin juzgar. Que cuenten cosas de su vida diaria.
    • Enseñar bueno – malo, lo que está bien y lo que no. Una forma interesante puede ser a través de los cuentos.
  • Demostrar la confianza en él:
    • Dejar claro que “no son mentirosos” ni desean la mentira, lo que ha sucedido es que “ha dicho una mentira”.
    • Enseñarles poco a poco a distinguir entre lo real y lo imaginario.
    • Confiar, aunque creamos que nos engaña.
  • Que sientan que sus padres y profesores los quieren, les ayudan y no les juzgan.
  • Darles la oportunidad de comprobar que decir la verdad es más rentable.
  • Si hay que corregirles, hacerlo en privado y no llamarles mentirosos.
  • No utilizar el castigo como modo de corregir la mentira. Es mejor convencerle en un clima de confianza.
  • Investigar por qué mienten. Conociendo la causa será más sencillo buscar la solución para remediarlo.
  • Enseñarles a diferenciar entre sinceridad y espontaneidad. Deben saber que no se puede decir cualquier cosa que se les pasa por la cabeza. Hay que decir lo que se piensa, pero se debe pensar lo que se dice.

María Campo Martínez

Pedagoga / España

Licenciada en Pedagogía. Diplomada en Magisterio de Educación Infantil. Asesora de Eduka&Nature.