¿Pueden ser buenos los celos entre hermanos?

El ambiente familiar es el lugar donde nuestros hijos e hijas deben encontrar el apoyo, cariño y exigencia que les ayuda superar las dificultades que viven

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Es importante que los niños y niñas crezcan y maduren con las circunstancias que se van encontrando y viviendo en primera persona. Así van cubriendo etapas que contribuyen a la configuración de su personalidad. Los celos no siempre se han entendido bien y se han considerado como algo malo que hay que liquidar lo antes posible.

No existen fórmulas fijas y, si las hay, serán tantas como niños y niñas haya

En el entorno familia se dan conflictos psicológicos que son pequeños desajustes, principalmente afectivos. A veces se desconoce su procedencia, pero en muchos casos se pueden vislumbrar las causas que los provocan, y eso nos permite dar claves y pautas para evitarlos o paliar sus tristes efectos.

El hijo o hija que padece celos por la llegada de un hermano puede hacer o sentir algunas de las dramatizaciones, como, ya no me hacen caso; no sirve ni siquiera para jugar conmigo; no me atrevo a pedir nada porque no me lo darán; debe ser muy listo porque todos le hacen caso; etc…

El ambiente familiar es el lugar donde nuestros hijos e hijas deben encontrar el apoyo, cariño y exigencia que les ayuda superar las dificultades que viven. Cuando un hijo se siente despojado de atención o de cariño está convencido que está “solo ante el peligro”, rehúsa toda ayuda y se refugia en su amargura manifestándose hostil al hermano hasta el extremo de intentar en algunas ocasiones hacerle daño.

El niño que reacciona así puede que haya sido sobreprotegido, no haya “practicado” la generosidad y haya sido demasiado “atendido” en todos sus caprichos. Cuando se da la ocasión de un nuevo hermano es una buena práctica enseñarles a compartir y que vean “que los otros” son más importantes que uno mismo.

En “los otros” también entran los padres y familiares más cercanos como abuelos, tíos o primos, en el caso de que haya o no haya un hermano porque es la forma de practicar el espíritu de servicio tan necesario para que las personas aprendamos a estar pendientes unas de las otras.

Será difícil imponer una disciplina en relación con el comportamiento que estamos describiendo, los padres y madres deberemos advertir a los abuelos, padrinos, tíos y amigos que las preferencias son malas, que los elogios públicos de un niño pueden ser malos para otro hermano o con otros primos o amigos, que las predilecciones fomentan los celos. Por eso, nos será mala una cierta ponderación en las manifestaciones unilaterales de cariño, pues contribuirá, por otra parte, a una cierta austeridad de vida, a un sentido sobrio del deber sin previo pago.

Los celos entran de lleno en las materias de objeto de la educación y, por lo tanto, no existen fórmulas fijas y, si las hay, serán tantas como niños y niñas haya. Pero lo primero que debemos exigirnos los padres es una actitud positiva ante un problema que puede surgir cuando uno menos se lo espera.

Algunas sugerencias de posturas positivas que educan:

  • Valorar positivamente la más pequeña colaboración en casa.
  • Dar encargos proporcionados a su edad.
  • Observar las actitudes de los abuelos y familiares: ¡cuidado con las diferencias!
  • Proporcionar la participación en “las labores” con el pequeño.
  • Felicitar a los mayores por la colaboración en el cuidado del pequeño.
  • Reforzar la atención hacia el niño menos dotado.
  • Crear entre los hermanos “espíritu de equipo”: cada uno que tenga bien definido “su puesto”.

Los niños y niñas que se sienten bien atendidos y queridos superan sin grandes dificultades la crisis. Cuando una persona se siente querida se deja.

Hay otros celos entre hermanos en general, que no tienen que ser los de la primera infancia, pueden llegar hasta la adolescencia y aún más lejos. Las emulaciones y los celos fundados en injusticias de los padres pueden amargar la vida de los propios hijos y de unos padres que, con una gran dosis de buena fe y con la mayor naturalidad, han hecho distingos entre aquellos desde un principio.

La puesta en práctica del sentido común y las reglas que hayamos puesto en práctica en la primera infancia pueden ser útiles, abstrayendo lo accidental, para todas las edades. Pero un hecho demostrado es que la fuerza del amor apaga o disminuye los celos, volcándose en cariño hacia la persona que pasa “la gripe de los celos”.

Finalizamos exponiendo algunos consejos o sugerencias acerca de los celos:

  • Preocuparnos de que estén recibiendo el cariño que necesitan.
  • Requieren mucha atención personal.
  • ¡Cuidado con el niño “bandera”, ejemplo y guía!
  • No exigir por encima de las fuerzas de cada uno de los hijos.
  • Evitar siempre las comparaciones.
  • Presentar la ayuda entre hermanos como un gran deporte.
  • Afrontar con alegría las pequeñas asperezas de la convivencia diaria.

Patricia Cigaran

Experta en Educación / España

Experta en Educación Familiar con más de 20 años de experiencia en la dirección de colegios infantiles.