Aprender a cuidar lo que tenemos desde pequeños

ordenar

¿A partir de qué edad un niño es capaz de aprender a cuidar las cosas? ¿Es pronto exigir a un niño pequeño que sea cuidadoso? Puede ser un buen momento para enseñarles a hacerlo.

Hay que enseñarles a valorar y respetar sus cosas

Muchos niños se acostumbran a utilizar las cosas de cualquier modo sin reparar en las consecuencias que tiene el uso inadecuado. Por este motivo nos planteamos diferentes cuestiones que pueden ser de interés para reflexionar sobre la importancia de enseñar a los hijos a ser cuidadosos.

  • ¿Puede un niño pequeño cuidar los objetos materiales?

Un nivel superior del orden es hacer un buen uso de las cosas y cuidarlas, algo que va más allá de dejarlas en su sitio. El mejor momento para que un niño aprenda a ser ordenado en su concepto básico es de 0 a 3 años.

A partir de esta edad, están perfectamente capacitados para llevarlo a cabo. Lo importante es que nosotros se lo enseñemos, le sirvamos de modelo y se lo exijamos.

  • ¿Por qué es bueno que empiecen a ser cuidadosos?

Los niños deben aprender que las cosas tienen un valor y es importante respetarlas y cuidarlas para mantener ese valor y para entender que conseguirlas supone un esfuerzo.

Cuando un niño es educado en un ambiente en el que se le consiente todo lo que pide y tiene todo lo que demanda, y cuando algo lo pierde o estropea se sustituye con facilidad, no aprende el valor de las cosas ni lo que supone lograrlas.

Con independencia de que a los padres les pueda resultar más o menos fácil adquirir o tener ciertas cosas, es importante educarles para que sean cuidadosos y las valoren.

Detrás de este aprendizaje estará también el ser cuidadoso con uno mismo y con el resto de personas. Desde muy pequeñitos las familias debemos exigir un esfuerzo por lograrlo.

  • ¿Cómo podemos enseñarles a ser cuidadosos?

Lo primero que debemos enseñarles es que deben ser ordenados. Esto implica asignar un lugar para cada cosa y ser capaz de devolverlo a su sitio, además de mantenerlo en buen estado para que no se estropeen y tengan una mayor duración.

Por ejemplo, no solamente deben aprender a dejar los libros en la estantería sino que estén bien colocados para evitar que se doblen o se rompan. Esto es ser ordenado.

Además, deben entender que las cosas cuesta conseguirlas y tienen un valor. Para que aprendan este concepto les debe costar a ellos lograrlas. Si lo experimentan en primera persona será más fácil que lo asimilen.

Podremos llevar a cabo este aprendizaje si evitamos darles inmediatamente todo lo que nos piden. Deben entender que no pueden tener todo lo que quieren. Para eso tendrán que saber elegir y establecer una jerarquía y prioridades en sus peticiones.

Les podemos exigirles esfuerzo ayudándonos en tareas del hogar o incluso laborales, dependiendo de la edad. Una vez que han logrado lo que han elegido se les debemos inculcarles un buen uso y hacerles ver que si se estropea, es su responsabilidad arreglarlo.

Para que este aprendizaje se interiorice realmente debemos exigírselo no solamente con los objetos materiales sino también consigo mismos, con su imagen, con sus tareas académicas, con su forma de cuidar a otras personas, con el modo de jugar o de llevar a cabo las tareas domésticas…

Como todos los aprendizajes que queremos transmitir a nuestros hijos, la clave del éxito estará en nosotros como modelo a seguir.

  • ¿Qué actitudes debemos evitar a la hora de enseñarles a ser cuidadosos?

Ante todo debemos evitar la pereza y dejadez ante las cosas. No debemos permitir que forme parte de sus vidas. Por tendencia natural los niños experimentan estas sensaciones, pero nuestra tarea fundamental es exigirles que no se dejen vencer por ellas, que se esfuercen por hacer las cosas bien, a pesar de que el cuerpo les demande otra cosa.

No debemos sustituirles en su tarea de cuidar las cosas, debemos darles la oportunidad de que lo hagan ellos mismos. Si lo hacemos nosotros, no experimentarán la necesidad ni la satisfacción personal por hacerlo, aspecto esencial, este último, para seguir haciéndolo.

En el momento en que somos padres tenemos una responsabilidad que implica un esfuerzo. A veces, el ser cuidadosos cuesta. Para ellos, un mal ejemplo de un día puede ser adquirido y aprendido y, sobre todo, puede traer como consecuencia que vean que no hacerlo puede estar permitido y que no pasa nada porque un día no se haga.

Esto puede llevar a un mal hábito. Para impedirlo, no podremos permitir que suceda ni una vez. El nivel de exigencia en este aspecto es fundamental.

María Campo Martínez

Pedagoga / España

Licenciada en Pedagogía. Diplomada en Magisterio de Educación Infantil. Asesora de Eduka&Nature.