Valores Familiares: ¿Cómo han cambiado históricamente?

¿Qué desafíos tienen por delante las familias modernas?

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¿Qué pensamos de los valores familiares que se llevarán a cabo dentro de 20 años para adelante? ¿Qué tan distinta puede ser esa realidad en comparación con nuestra propia crianza o experiencia familiar de hace 10, 15 o 30 años atrás? A continuación, tratamos de empezar a responder algunas de estas preguntas.

El modelo tradicional no ha desaparecido en absoluto, aunque sí que ha comenzado a perder terreno

Desde finales del siglo XX y principios del siglo XXI, la sociedad no solo ha experimentado cambios sensibles en materia tecnológica y económica, sino también en cuanto a las estructuras y valores de lo que esta sociedad entiende por familia.

La familia no solo tiene un fin reproductivo biológico, sino que también resulta trascendental para lo que entendemos por cultura. Así, el modelo “tradicional” ha recibido en el último tiempo ciertos replanteos que derivaron en las familias “modernas”.

Cabe aclarar que este modelo tradicional no ha desaparecido en absoluto. Pero sí que ha comenzado a perder terreno en la influencia de ciertas realidades actuales. Esta es una razón más que suficiente para proponernos contemplar y comparar solo algunos de los cambios más destacables del último tiempo.

El sexismo pierde fuerza

Un poco por la necesidad económica, pero también gracias a los recientes logros de la batalla cultural del feminismo. La figura masculina como único sostén económico del hogar ha sido opacada y cuestionada notoriamente. Esto deviene en una inmensa nueva gama de posibilidades que incluye estilos de crianza más heterogéneos y tomas de decisiones financieras más horizontales.

Al mismo tiempo, el modelo tradicional histórico propone una fórmula más “simple”. Esta delegaba las tareas económicas/laborales al hombre y las hogareñas/educativas para la mujer. Por lo tanto, los modelos más modernos implican un grado de complejidad que explican por qué se encuentran todavía en una transición de modelos, aunque cada vez es más corta.

El vínculo afectivo por sobre la estructura

Cada vez más familias están compuestas de estructuras disruptivas con el esquema tradicional. Esto incluye formatos monoparentales, homosexuales, familias adoptivas o ensambladas.

Esto evidencia que el foco ya no se encuentra tanto en respetar estructuras políticas a como dé lugar. Más bien, el eje trascendental se da en la profundidad desarrollada entre los vínculos afectivos. Por esta razón es que en las familias empezaron a priorizar, trabajar por relaciones más sanas o reconexiones familiares por encima de mantener un status familiar o la “familia tipo perfecta”.

Mayor cautela con la natalidad

El modelo tradicional promovía y garantizaba una numerosa descendencia para continuar con el legado y orgullo familiar a lo largo de las generaciones. Ahora, son muchas las familias que actualmente piensan dos veces en ampliar su familia o incluso convertirse en padres.

Esto se debe en gran medida a una mayor conciencia social de lo que repercute traer una vida al mundo con respecto a las responsabilidades, cambios en la dinámica de pareja, objetivos individuales, proyectos extra-familiares, etc.

En algunos países de Europa como Alemania o Suiza, este fenómeno significa un problema cada vez más urgente, ya que el rango etario de su población es cada vez más alto y el nivel de natalidad cada vez bajo.

Desafíos para el modelo moderno

La punzante y por momentos extrema filosofía de “vivir el presente” implica que el acto de ahorrar dinero para un futuro, sea este próximo o lejano, no sea una prioridad para las familias más jóvenes. Esto puede beneficiarles para un presente menos estresante, pero también puede ser perjudicial por no proyectar un futuro financiero.

Tensiones o discrepancias entre parejas con diferentes estilos de crianza: se producen más choques entre el modelo tradicional y el moderno a la hora de decidir cómo criar a la futura familia de procreación.

La histórica omnipresencia parental durante el desarrollo infantil de su familia ha mutado hacia una mayor libertad y confianza. Esto definitivamente es una buena noticia en términos de cómo alimentamos ciertas actividades o curiosidades que antes no se solían promover.

Sin embargo, es importante también evitar que esa libertad no se vuelva libertinaje, ya que existen factores de riesgo durante el crecimiento infantil a los cuales pueden la familia puede verse demasiado expuesta y desprotegida.

Joaquín Sombielle

Licenciado en Psicología

Docente de piano y lenguaje musical