Cómo abordar temáticas ‘difíciles’ con nuestros hijos

La mejor forma de tener conversaciones incómodas pero necesarias

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Quien dijo que era fácil ser padre, nunca tuvo una conversación difícil con adolescentes. Te contamos cuáles son las claves para afrontar temáticas complicadas con nuestros hijos de una forma saludable, cercana y que resulte hasta de aprendizaje para toda la familia.

Las conversaciones “difíciles” con nuestros hijos definitivamente forman parte de los eventos más complicados de afrontar, para cualquier familia.

La separación o divorcio, la muerte, el suicidio, enfermedad, adicciones, mudanzas, discapacidades, sexualidad, entre otros. No podemos decir que son temas fáciles de digerir, ni para niños, ni para adolescentes, ni para nadie.

Como padres y madres, nos debatimos entre las diferentes maneras que encontramos en nuestra caja de herramientas parentales. Sin saber bien si estamos eligiendo bien, sin saber bien cómo hacer. Vamos y venimos entre evitar, ocultar, minimizar la gravedad de la situación, ser completamente sinceros, derivar la charla, estar demasiado atentos a las emociones o muy poco.

Si bien podemos apelar formas más sanas, la realidad es que no es fácil y no existen fórmulas perfectas. Pero hay algo que sí podemos asegurar. Por incómodas y complicadas que sean estas conversaciones sobre temáticas difíciles y todo lo que implican, son también totalmente necesarias.

Teniendo en consideración las particularidades que constituyen a cada niño, adolescente, o círculo familiar y, entendiendo que cada persona es un mundo. Así podemos también ganar conocimiento sobre las maneras más sanas de abordar temáticas difíciles con nuestros hijos.

Temáticas difíciles ¿Por dónde empiezo?

Una buena forma de abordar estas conversaciones sobre temáticas difíciles es a partir de la escucha activa y de la pregunta. Comenzar por preguntar qué es lo que saben, qué o dónde lo escucharon, pueden ser excelentes puntapiés para clarificar información errónea y conocer las fuentes que les brindan información.

A partir de sus inquietudes y conocimientos resulta más fácil apuntar a lo que realmente necesitan saber de forma precisa y asertiva. Con los niños, por ejemplo, toma importancia la repregunta. Volver a preguntarles a que se refieren con lo que preguntan puede alinear lo que nosotros imaginamos que quieren saber con lo que realmente quieren saber.

Sin miedo al miedo

Hablar de ciertas cosas con los hijos asusta. Asusta por los tabúes construidos socialmente en nuestra cultura, asusta mostrarse vulnerable como adulto, asusta que los niños reaccionen con conductas no deseadas, asusta la idea de que ellos sientan dolor o incomodidad frente a la realidad.

Desterrar el miedo resulta clave para poder hacerle frente a cualquier tópico con confianza, la misma confianza que nuestros hijos perciben en nosotros y que les infundimos, beneficiando al abordaje de la situación.

No a la evasión

Resulta fundamental que los hijos se sientan escuchados y que sus emociones sean tenidas en cuenta. Si ellos perciben contención, escucha y respuestas de parte de los padres, volverán a nosotros siempre que tengan más dudas.

Evadir tópicos o desviar la atención implica un riesgo. Al hacerlo, enviamos un mensaje respecto a qué temas pueden ser cargados o no en casa, abriendo las puertas a nuestros hijos a que busquen otras fuentes de información que pueden no resultar confiables ni seguras.

“Aca estoy”

Todos sentimos emociones, todas ellas son válidas y necesitan ser expresadas. Por básica que suene esta premisa, tener cerca este concepto puede ayudar a que nuestros hijos se sientan más cerca de nosotros como familiares, y que se animen a expresarse. La idea, finalmente, es estar para brindarles herramientas para procesar y transitar el momento que sea.

Probablemente van a preguntar, e incluso en momentos que nos pueden resultar desconcertantes. Estar al pie del cañón a la hora de responder esas dudas facilitará que nuestros hijos se acerquen a nosotros como fuentes de apoyo.

Es válido no tener una respuesta para la pregunta de nuestros hijos, con lo cual podemos manifestar la necesidad de pensar o informarnos mejor para luego retomar la conversación. Estar para ellos puede sonar cliché, pero es de lo más significativo que podemos hacer.

La importancia de decir la verdad

¿Decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, resulta realmente tan imprescindible? Claro que sí. Pero no podemos hacerlo sin dejar de tomar en cuenta la edad de nuestros hijos y el nivel de comprensión que poseen. Sin dejar de ser sinceros, es preciso que adaptemos las formas a la etapa vital que atraviesan nuestros hijos.

Durante la infancia, la sobreinformación puede resultar contradictoria y confusa para ellos. A su vez, si la información resulta nula, evitativa o demasiado escasa, los niños tienden a rellenar esos espacios con sus imaginaciones y conclusiones (a veces fantásticas), lo cual puede conducir a que terminen angustiados más por sus propios pensamientos que por la dureza de la realidad.

Las cosas claras, y esperanzadoras

Ser honestos y claros, a partir de las creencias y valores que sostenemos puede contribuir a un clima familiar que habla de integridad y confianza. A su vez, proveer un mensaje de esperanza a nuestros hijos y ayudarles a contemplar alternativas para afrontar la realidad, brinda el sostén necesario para seguir adelante con el día a día, situaciones difíciles y todo.

Heliana Moriya

Docente de música de niveles inicial, primario y secundario

Psicopedagogía