¿Pueden los memes favorecer un mejor vínculo familiar?

Qué lugar ocupan culturalmente y cómo aprovecharlo como padres

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En la era del “cringe”, “ghosting”, “shipping” y tantos términos centennials, ponernos al día con el lenguaje preadolescente y adolescente es un verdadero desafío. Proponemos el uso de memes como un posible puente generacional. Además, estudiamos su significado para incorporarlos a nuestro aprendizaje de una forma más genuina y propia.

Históricamente, los memes han ilustrado desde siempre el legado de tradiciones históricas de forma muy explícita

La fiebre por el uso de memes en las redes sociales no es ninguna novedad y ha formado parte de nuestra realidad por quién sabe cuánto. El término “meme” nació en 1976 gracias al biólogo Richard Dawkins en su libro “El Gen Egoísta”. El concepto surgió al comparar las características de los genes humanos con estas curiosas “unidades mínimas de transmisión cultural”. La principal diferencia es que mientras los genes se replican, los memes se viralizan.

Desde principios del 2010 los memes representan culturalmente lo que se conoce por humor gráfico, compuesto en este caso por imágenes, vídeos, palabras y frases genéricas que generan un fuerte sentido de pertenencia para una gran mayoría de la población. Esto, por lo general, se relaciona directamente al lenguaje de los jóvenes.

¿Son los memes exclusivos de esta generación?

Históricamente, los memes han ilustrado desde siempre el legado de tradiciones históricas de forma muy explícita. La escritora Susan Blackmore lo resume muy bien: “todo lo que hemos aprendido al emular a otros es un meme”.

La posibilidad de manipular y personalizar estos mensajes es lo que ha convertido al meme en un medio de comunicación muy potente, ya sea para el simple objetivo de entretener, vender o incluso con fines filosóficos y políticos.

Se podría decir entonces que los memes tienen el potencial de unir (parcialmente) a una gran cantidad de personas, a pesar de las diferencias formales, ideológicas o incluso generacionales. Y justamente en este último punto es donde queremos detenernos y preguntarnos si no podríamos exprimir más estos recursos aparentemente “nuevos” para comprender y comunicarnos mejor con nuestra familia.

Se podría empezar por desterrar la idea de que los memes son exclusivos de la cultura centennial. Como pudimos apreciar, el concepto no se define en las redes sociales o las tecnologías, sino en la mínima transmisión cultural como ya señaló Dawkins.

Aunque no podemos negar las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para viralizar a nivel mundial, los memes tienen la facultad de adoptar innumerables formas más allá de lo virtual. Pueden ser gestos, miradas cómplices, chistes “para entendidos”, refranes o costumbres que nos han atravesado a todos (y lo seguirán haciendo) de alguna u otra forma. En otras palabras: siempre han estado ahí. Solo que ahora tomaron más protagonismo, especialmente desde lo visual.

Tender puentes digitales

Esto puede ser revelador y esperanzador para toda una generación de “baby boomers”, que probablemente se sienta desconcertada y desconectada ante la incesante evolución tecnológica que los adolescentes tan bien utilizan y dominan.

Es cierto que esta “invasión” puede resultar intimidante para las generaciones previas con conceptos más herméticos y rígidos. Pero también es cierto que nuestros hijos se encuentran predispuestos a trazar más puentes de contacto de lo que uno presupone.

Porque si hay algo que caracteriza a la generación centennial es su difícil encasillamiento. Los jóvenes no se sienten identificados con etiquetas, aunque sí se encuentran cómodos en las fusiones culturales y contradicciones que estas acarrean.

Hasta podríamos arriesgarnos a decir que hoy existen más herramientas para encontrar puntos de encuentro intergeneracionales que con nuestros propios padres durante la etapa adolescente.

Esto ocurre porque las costumbres y tradiciones ya no se transmiten de forma unidireccional (de los progenitores a su familia), sino recíprocamente. En otras palabras, el rol parental se ve obligado a modificarse, pero también abre la puerta a una evolución y expansión.

También se produce un choque con los padres en cuanto al uso de palabras para comunicarse. Muchos adolescentes eligen expresarse mediante stickers o gifs antes que con una respuesta textual. Pero esto no quiere decir que se expresen con más o menos éxito que los adultos. Sencillamente es el medio que se amolda a su mentalidad heterogénea.

¿Y si la próxima vez probamos compartir un sticker gracioso de nosotros mismos en los grupos familiares de WhatsApp o Telegram en vez de reflexionar con un texto profundo? No solo puede generar risas y un código interno, sino también recuerdos para todos que difícilmente puedan olvidarse.

En resumen, las generaciones pueden convivir a pesar del cambio de paradigma. Solo hay que encontrar estrategias acordes y continuar aprendiendo, sin perder los valores y estilos con los que uno creció. Reconocer y extender nuestros propios memes aprendidos a la familia representa uno de los puentes generacionales más sanos e inclusivos que podemos elegir en la actualidad.

Joaquín Sombielle

Licenciado en Psicología

Docente de piano y lenguaje musical