La importancia de aprender a formular buenas preguntas

Múltiples tipos de preguntas para distintos aprendizajes

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A la hora del aprendizaje escolar y al procesar vivencias, el arte de aprender a ensayar buenas preguntas tiene un potencial que a veces ignoramos durante el desarrollo de nuestra familia. Para esto, reflexionamos acerca del alcance que las preguntas pueden tener y cómo podemos aprender a identificarlas.

La pregunta es sinónimo de movimiento

Las interrogantes y preguntas disparadoras han existido desde tiempos inmemoriales. De hecho, la filosofía sienta sus bases en la Antigua Grecia a manos de Sócrates, Platón y Aristóteles a partir de preguntas, más que de respuestas.

La pregunta es sinónimo de movimiento. Una de las ventajas que trae el hábito de realizar preguntas es que, en principio, desde el momento en que las formulamos ponemos en marcha todas nuestras facultades mentales en pos de hallar una respuesta o algo parecido a ella. Durante este proceso muchas veces puede que experimentemos tensiones internas y/o falta de confort en las respuestas o cuestionamientos emergentes.

Las preguntas ‘prefabricadas’

Es importante partir de la base de que no todos fuimos criados con el hábito de la pregunta. Es muy común encontrar casos donde el estilo de crianza familiar aportó más respuestas “pre-fabricadas” que preguntas, ya que la pregunta implica muchas veces un cuestionamiento que no siempre es bien recibido.

Aunque es cierto que en principio solemos interesarnos y motivarnos mucho más con las respuestas, una buena pregunta tiene la virtud de proporcionarnos parte de la/s respuesta/s y esto es solo la punta del iceberg.

Incluso si no sentimos haber alcanzado una respuesta o conclusión, por lo general las preguntas nos direccionan y reposicionan constantemente a nuevas instancias, estadios o creencias que de otra forma quizá nunca hubiéramos llegado. Y el motor de esas preguntas es sin duda la curiosidad, tan característica y presente en el período infantil y adolescente.

Por otro lado, las preguntas también tienen el potencial de estancarnos en lugares improductivos o que no conducen a ningún crecimiento en particular.

Una mala pregunta tiene un poder igual de contraproducente que las respuestas “hechas” o “automáticas”. De esas que nos repetimos a nosotros mismos para avanzar en nuestro día a día. Esto puede relacionarse en parte a un uso excesivo de la pregunta o directamente a una mala formulación de ella.

¿Cómo distinguir entre buenos y malos interrogantes?

Esa es una excelente pregunta, valga la redundancia. Si bien no hay una regla de oro respecto a este tema, es muy importante auto desafiarnos acerca del “para qué” de esas preguntas para darle un sentido a su formulación. En ese sentido, las buenas preguntas deberían facilitar:

  • Una mejor comprensión: “¿Por qué pienso que la gravedad es necesaria?” “¿Cómo creo que se da ese fenómeno?” “¿Qué causó el final de la 2° Guerra Mundial?”
  • Consolidar conocimientos: “¿Dónde puedo encontrar ejemplos de baja natalidad en el mundo?” “¿Cómo puedo verificar ese dato?” “¿A dónde quiso llegar con esa teoría?”
  • Discernir puntos de vista: “¿Qué dice Adam Smith del Capitalismo y por qué defiende ese modelo?” “¿Por qué Karl Marx se opone a él y decide proponer el socialismo?” “¿En qué estoy de acuerdo y en qué no de estos modelos?”
  • Auto-Desafío: “¿Estoy de acuerdo con esto?” “¿Por qué pienso me molestó?” “
  • Identificación y/o empatía: “¿Qué tipo de personaje era Quijote? “¿Hubiera hecho lo mismo que él? ¿Por qué sí y por qué no?”
  • Resumir y focalizar: “¿Qué fue lo más importante que dijo Bolívar en aquel discurso?” “¿Qué me llamó la atención?” “¿Hay más ideas centrales”?
  • Cuestionar paradigmas: “¿Qué ocurriría si de repente dejásemos de respirar?” “¿Cómo viviría una sociedad sin sol?” “¿Podría funcionar el mundo sin el dinero”?

Si logramos transmitir tan solo algunos de estos tipos de preguntas o motivaciones en nuestro núcleo familiar, los beneficios pueden ser esenciales para el crecimiento infantil, sobre todo en lo que respecta a habilidades sociales.

Esto incluye una mayor participación en clase y/o en grupos, tolerancia para escuchar otras opiniones, valorar la investigación y la curiosidad, desarrollar el pensamiento crítico y analítico, y resignificar ideas aparentemente ya aprendidas.

Joaquín Sombielle

Licenciado en Psicología

Docente de piano y lenguaje musical