¿Por qué es importante el “timing” en la alimentación infantil?

Tips y estrategias para tener a mano

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Gracias a los avances de la ciencia en materia de salud, cada vez contamos con más conocimiento y herramientas para llevar a cabo una mejor alimentación para nuestra familia. Aun así, hay mucho por aprender y mejorar en cuanto a los tiempos entre comidas. Por eso presentamos algunos consejos para considerar y poner en práctica en casa.

Es sumamente necesario evitar que en la familia se ingieran alimentos demasiado rápido

El momento de alimentar a nuestra familia puede resultar desafiante cuando se trata del menú infantil. No solo por el simple hecho de que el tipo de alimentación no es precisamente el mismo que el adulto. También porque existen otros factores determinantes para su salud y experiencia general, y que tienen que ver con el “cuando”, el “dónde” y el “cómo”.

Consejos para comer mejor

Esto puede ser información relevante para padres que pierden la paciencia fácilmente. También para los que pretenden que la familia tenga un comportamiento unificado. O para los que simplemente no terminan de empatizar o interactuar satisfactoriamente con el reloj y/o “GPS” infantil.

Sabemos que por cuestiones de salud es sumamente necesario evitar que en la familia se ingieran alimentos demasiado rápido. Sin embargo, lo que algunos ignoramos es el hecho de que “estirar” los tiempos de las comidas tampoco es recomendable.

Este es un especial desafío para muchas familias latinoamericanas que suelen sostener con naturalidad la cultura de la “sobremesa”, y que no ven a las comidas solo como una necesidad biológica, sino también como un encuentro social.

Aunque lejos estamos de buscar desalentar las costumbres familiares, debemos asumir como padres nuestra influencia sobre la familia con nuestro propio ejemplo. Por lo tanto, estipular algunos parámetros de tiempo y ejercitarlos en el hogar resultan estrategias ciertamente indispensables para encontrar un punto medio entre los tiempos infantiles y los nuestros.

Organizar la alimentación infantil

No olvidemos que el período infantil engloba edades donde la necesidad de límites, organización y estructuras son sanas y necesarias para gestionar estados de ansiedad, frustraciones, tareas del colegio y tiempos de juego.

También les estaremos brindando una sensación de seguridad, ya que, al dividir y sectorizar las comidas, lograrán “proyectar” las próximas comidas del día y aprenderán poco a poco a gestionar su hambre en función de ese diagrama.

Teniendo en cuenta estas premisas y siempre dentro de los períodos sugeridos, resulta ideal que el momento del desayuno y la merienda ronde los 20/30 minutos y el almuerzo y cena 40 minutos. Con respecto a qué momento del día elegir para cada comida, lo cierto es que no importa tanto establecer una hora exacta, pero sí es recomendable elegir un horario aproximado que pueda repetirse y respetarse a lo largo de la semana.

Cabe aclarar que no es necesario ni se pretende respetar al pie de la letra ninguno de estos horarios y tiempos sugeridos, pero acercarnos a estos números será un gran paso para una alimentación espaciada y con un buen “timing”.

El timing perfecto

Con excepción de los innegables casos de ansiedad e hiperactividad, los niños suelen comer y digerir las comidas más lentamente que los adultos. Esto es una ventaja. Aun así, debemos tomarnos el tiempo de transmitirles la importancia de masticar bien las comidas. O de apoyar los cubiertos en el plato cuando no están comiendo, ya que esto impactará positivamente en su desarrollo y organización.

Otro aspecto a tener en cuenta es el estado de ánimo infantil. No siempre tendrán ganas de comer, y otras veces les surgirán deseos de “atracones” en momentos que no corresponden a nivel alimentación.

Pero aún con cambios de ánimo inestables o no siempre predecibles, la constancia en la alimentación diaria debería ser un pilar sólido para ellos, y que entiendan la necesidad de alimentarse incondicionalmente, en tiempos designados y concretos (aunque no inflexibles).

También debemos contemplar la posibilidad de que en alguna ocasión no tengan ganas de comer durante la merienda y se salteen una comida.

Esto no es necesariamente un problema en el corto plazo. Pero sí es importante prestar atención a potenciales cambios de comportamiento o de hábitos en los días venideros.

Joaquín Sombielle

Licenciado en Psicología

Docente de piano y lenguaje musical